12 – Lo Otro

La película elegida es As Bestas (2022) de Rodrigo Sorogoyen.

Cuando una película está basada en hechos reales no se ahorra anunciarlo de todas las formas, eso le suma en interés: no es ficción, es realidad. Por eso los hermanos Coen lo anuncian falsamente al inicio de Fargo (1996). As Bestas está basada en hechos reales, pero Sorogoyen no lo aclara, aun cuando la película narra los hechos de manera muy fiel a lo que pasó, exceptuando algunos detalles, por supuesto. Quizás no lo aclara para no ser redundante, la historia muy conocida en su país no requiere aclaraciones, o quizás, porque pensar que una película es sólo novelar hechos reales es corto y esta película quiere contar algo más, que seguramente escapa a los acontecimientos. El hecho se puede conocer en detalle en el documental Santoalla (2016) de Andrew Becker y Daniel Mehrer. En mi caso, llegué a la película sin saber que se basaba en este documental que había visto unos años atrás, fue una grata sorpresa, grata dentro de lo que hay porque es una película un poco intensa por decir lo menos. En cualquier caso, recomiendo ver primero la película y si se interesan por los detalles buscar el documental.

La trama parece ser simple, la conocida oposición entre civilización y barbarie. Una lectura un poco menos directa agregará varias capas de complejidad que bordean ese tema para ubicar que, en el fondo, esa oposición como cualquier otra, es a la Otredad, cualquiera sea esta, que nos habita y se la odia porque es intolerable. Como solución, incluso de masas, es más eficaz odiar lo Otro que odiarse uno, lo que no quiere decir que sea recomendable, ni lo uno ni lo otro.

La historia sucede en un pueblo pequeño de Galicia, realmente pequeño, muy pocas casas, sin niños ni jóvenes, allí llega una pareja de franceses a instalarse y con ellos una serie de conflictos con los locales, en particular con los vecinos más próximos. Tarda en saberse que el problema en apariencia es económico, aunque sabemos que no lo es, porque el vecino viene con su superioridad y palabras raras, él es profesor y ellos ignorantes. Él es de la civilización y ellos son los bárbaros que no saben lo que es la ciencia o el ambientalismo.

La película tiene dos protagonistas, en la primera parte es Antoine (Denis Ménochet) a quien vemos en una de las mejores escenas del cine, de todo el cine, discutiendo y tratando de entrar en razón con Xan (Luis Zahera) el vecino local y una segunda parte donde cambia el protagonista y ahora es su esposa Olga (Marina Foïs) a quien vemos en la segunda mejor escena de esta película discutiendo con su hija Marie (Marie Colomb). Que cambie el protagonista a mitad de la película no es lo más habitual, a veces pasa como en Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock. Lo que hace interesante el cambio en As Bestas es que no está la casi imprescindible transformación del personaje en los distintos actos de la trama. Sino que por no transformarse el primero muere y la segunda continúa obstinada en su misma posición, aunque por buenas razones.

La escena en la que Antoine habla con Xan es un largo plano fijo sin cortes en donde están enfrentados, la tensión es máxima, como en toda la película. La idea del francés de hablar razonablemente con su vecino, llegar a un acuerdo, a un punto en común, se muestra irrealizable. En ese largo diálogo queda totalmente expuesta la posición de cada uno. Antoine quiere explicar, quiere que Xan entienda, que no está ahí por capricho, que se van a quedar los dos y que tienen que encontrar la forma de convivir, al final desesperado por la tozudez de su interlocutor pregunta angustiado «¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vas a hacer?». Xan, en cambio es terco, no quiere acordar, no quiere encontrar un punto medio porque no lo hay. Para él no hay nada que hablar, no hay encuentro posible. No está hablando con otra persona de igual a igual, está hablando con alguien que vale menos, «no es justo que tu voto valga lo mismo que el mío porque eres de fuera», y si es así no hay dialogo posible, es una amenaza existencial para Xan, en el francés se deposita todo lo malo, es la solución que pueden encontrar ciertas personas a sus propias deficiencias. En el diálogo se hace explícito lo que quizás no suele decirse en estos casos, «no sabíamos que éramos unos desgraciados», «olemos a mierda». Esa es la verdad detrás del odio al otro, es ese resto insoportable que nos recuerda que algo falta y que no nos cuesta leer como un defecto, como una pérdida, como una herida insoportable. Ellos no tienen nada y el extranjero lo tiene todo. Lo odia para no saber de lo insoportable de haber sido resto. Las minorías son eso, el resto de la sociedad, y así se los trata, como una mierda. Es terrible, pero a la vez una y otra vez vemos en la historia la unión contra cierta minoría que de manera delirante se ve elevada a un lugar de privilegio inexistente en detrimento del resto que son los que, ellos creen, verdaderamente sufren. Todos sufren en realidad, aunque sin duda las minorías la pasan peor.

Xan resuelve todos sus problemas, o eso cree, odiando al francés, el mal está en el otro, no tiene que recordar su padecimiento, su insuficiencia, pero no funciona tan bien, solo con su presencia Antoine se lo recuerda todo el tiempo, «y ahora cada vez que me levanto a las cinco de la mañana con una resaca que ni Dios, con la espalda que me duele de cojones, me acuerdo de ti». Entonces, lo tiene tan presente que es peor, se le vuelve insoportable, no hay forma de hacer con eso más que eliminándolo y ahí sí resuelve todos sus problemas, o eso cree, porque lo que cree que mata es inmortal y si no hay francés tiene que volver a cargar con ello. Claro está que nada de esto puede razonar quien está atravesado por el peso de ser resaca. Seguramente el ciclo vuelve a empezar. La película empieza así con Xan enojándose con otro granjero que fue estafado, lo mandaría a la guillotina, Francia es un «país de bestias». El francés es asesinado por unos bestias aloitado como una bestia.

La segunda escena a destacar es la de la viuda de Antoine con su hija. También es una escena larga sin cortes, pero no fija, la cámara sigue a las mujeres en su discusión, ese cambio, aunque sutil con respecto a la escena anterior, revela quizás más que los diálogos, dos hombres discutiendo están estáticos, tensos, madre e hija caminan, se mueven y hablan de amor. Esta discusión es igual o más importante que la anterior. Habla de la importancia de encontrar el cuerpo de su esposo asesinado, que deje de ser un desaparecido. La hija, razonable, tiene miedo por su madre, y quiere que vaya con ella, pero, como cualquier persona razonable, entiende que sus razones son las verdaderamente válidas. Su madre no irá, no sólo porque busca a Antoine, sino porque esa es su casa. La hija insistente, cree que sabe qué es lo mejor para su madre «hazte a la idea que te vienes conmigo». Cita a un psicólogo que, como ella, es un ignorante, «el hecho de que te quedes aquí significa que no puedes aceptar la realidad». Siempre es interesante saber qué se piensa que puede decir un psicólogo, lo peor es que quizás alguno podría decir exactamente eso. Equivoca la idea de realidad de una manera muy grosera, confunde causas con fines, el fin para el psicólogo es aceptar la realidad, no entiende que quizás Olga la perdió cuando murió su marido, que necesita reconstruirla para poder vivir en ella, por eso la metáfora es el mapa, lo hace cuadrante a cuadrante, buscando algo que sabe que está ahí, busca el cuerpo de su esposo, busca justicia, sin eso… qué realidad, qué aceptación. Por eso es tan difícil el armado de la realidad de los familiares de los desaparecidos, darle un cierre a algo que está siempre en suspenso es muy costoso.

Más allá de lo fuerte de la escena, la posición de la hija sabiendo lo que es mejor para su madre es de especial interés. Suele suceder que los hijos ven en la adultez de sus padres vejez y limitación, la soberbia les ciega su ignorancia, pero no es sólo eso, también en la ambivalencia de una relación así hay cierta pulsión de apoderamiento, todo lo que el hijo ha vivido pasivamente, lo revierte en una actividad que incluye el sometimiento a su verdad. Esa escena es familiar, la madre no puede creer cómo le habla su hija, «no te criamos de esa manera». La joven cree que sabe más de hombres por haber tenido «experiencias» y que haber estado con uno solo es menos. Claro que Marie no sabe nada de amor, cree ver en su madre a una sometida y no a una mujer que elige a un hombre, cosa que irá cambiando mientras ve las grabaciones del padre. Irá reconociendo lo que nosotros vemos desde el principio de la película como gestos amorosos entre sus padres. Marie aprendió algo en ese viaje, quizás el único personaje que cambia en la película. Quizás esa es la transmisión de los padres a un hijo.