13 – Sin registro

La película elegida es Red Rocket (2021) de Sean Baker.

Vamos a aprovechar que Anora (2023) ganó cuatro premios Oscar, incluyendo mejor película y mejor director, y se están viendo las películas de Baker para tomar la anterior que dirigió. No creo que sea la mejor de él, para mí esa es Proyecto Florida (The Florida Project, 2017) una hermosa película vista a través de los ojos de unos niños. Elegimos Red Rocket porque su protagonista es una figura fascinante y sirve como cualquier otra para presentar los temas que le interesan a Baker.

Las películas de Sean Baker siempre muestran el lado b, nosotros podríamos llamarlo objeto a, lo que resta al brillo que en general se ve en otras películas. Por ejemplo, Tangerine (2015) muestra una Los Ángeles sucia y fea (como es), siguiendo a dos trabajadoras sexuales trans. Un año después se estrena La La Land (2016) de Damien Chazelle, que muestra con hermosos actores, colores y canciones los puntos más icónicos de esa ciudad, a esa le dan el Oscar. Después en Proyecto Florida vemos un motel de gente que vive al día a muy pocos metros de Disney World y sus hoteles cinco estrellas. Anora también es trabajadora sexual y su mundo se cruza por un tiempo con uno de lujos, excesos, hermosos actores y colores, quizás por eso le dieron el Oscar. Una Mujer bonita (Pretty Woman, 1990) de Garry Marshall del siglo 21. Y Red Rocket que también incluye el trabajo sexual, la parte más pobre de un pueblo industrial lleno de refinerías y con una muy oscura historia que se llama Texas City que nos recuerda el nombre de este newsletter.

La historia es toda del protagonista, Mikey Saber (Simon Rex). Su apellido es Davies, pero usa su nombre artístico, Saber que es sable en castellano. Es un personaje muy particular, es detestable, aunque genera más fascinación que rechazo. No es querible, no nos identificamos con él. A tono con la película, lo seguimos como quien mira un video de un choque. Mikey llega al pueblo en micro desde Los Ángeles, dos días de viaje, es un dato, casi no se viaja en micro en Estados Unidos, quien lo hace está muy afuera, o como en este caso, fundido. Llega golpeado y sin avisar a la casa de su ex, Lexi (Bree Elrod) que vive con su madre Lil (Brenda Deiss). Lo reciben y ahí empezamos a conocerlo, es un bardo. Cuenta una confusa historia llena de excusas que incluyen drogas, robos y policía para explicar cómo terminó golpeado y volviendo a su pueblo después de veinte años sin absolutamente nada.

Mientras Mikey se va acomodando vemos mucho paisaje, siempre en su bicicleta va de un lado a otro mostrándonos un pueblo bastante vacío con pocos locales aislados, varios cerrados, el horizonte industrial imponente y siempre presente. Las anchas calles y los grandes parkings nos muestran el modelo clásico de Estados Unidos, ciudades hechas para el auto, no para el peatón, igual Mikey en su bici nos tramite cierta paz en esos atardeceres. A lo largo de la película, de fondo, se ve la campaña de Trump y puede suponerse que en un pueblo texano como ese arrasó. Un pueblo que además tiene una historia oscura con escuadrones de la muerte y venta de esclavos. Baker sabe retratar muy bien, incluso cándidamente, a ese país que llamativamente es tan admirado, en donde se desconoce ese otro lado, aunque sea lo que prevalece. Los personajes son pobres, adictos, traficantes y trabajadores sexuales. Ese último tema está en todas sus películas, es claramente de interés para el director, muestra algo de lo que no se habla. Tiene una presencia enorme en la sociedad y a su vez sigue siendo un tema del que mejor no hablar, especialmente su cara menos glamorosa. Se discute, es cierto si legalizar o no el trabajo sexual y otras cosas más. Pero no se habla – quizás ahora un poco más que antes– de los nuevos lanzamientos o la presencia en la bolsa de Pornhub como se hace con otras empresas tradicionales, aunque el porno mueva tantos miles de millones como las otras. En la película, si bien Mikey lo intenta, no se celebra la pornografía, no importan sus métricas, él alardea con eso para el interés de nadie, no consigue trabajo y cuando se presenta como actor porno, pensando que es algo importante, menos. Lo que se ve del trabajo sexual es la contracara, como la historia de Lexi que fue actriz porno pero ahora su madre preocupa porque su hija vuelva a prostituirse en Craiglist, una página de avisos clasificados bastante cuestionable, no tiene el glamour de Only Fans, no es como Shiva Baby (2020), sino que la vida de Lexi podría ser como la reflejada en la excelente Alanís (2017) de Anahí Berneri, que, además, sería una versión cruda de Anora.

Es en ese contexto que aparece Mickey, seduciendo con sus cuentos de la gran ciudad y su simpatía a todos los que se acerca, incluso a quienes saben cómo es. Nadie espera nada de él y sorprende, entonces los que lo conocen bajan la guardia, al menos por un tiempo. No es que tenga un plan, es alguien totalmente perdido pero que no muestra esa desorientación, sigue siempre para adelante, sabiendo que algo aparecerá, como se ve que le pasó toda la vida. Es una persona a la que no le importa nadie más que él. Es un egoísta, quizás no entra del todo en el tipo libidinal narcisista, aunque tenga varios rasgos de ese tipo clínico. Que sólo se relacione con otros por interés no lo deja bien parado. Pero hay algo que insiste en su presencia que lo deja más del lado del boludo (ese es el término técnico). Un boludo egoísta que tiene una pasión por la pérdida y con muy poco registro de lo que le pasa. Su relación con la pérdida es lo principal, porque es lo que marca su vida constantemente. Eso suele pasar con quien se presenta siempre como un ganador, por qué lo haría con tanta insistencia si no se tratara de que siempre pierde, y él pierde todo. Es un personaje que a lo largo de la película no se transforma, al contrario, vuelve al mismo lugar, cosa que suponemos le habrá pasado varias veces. Su ostentación de números y premios es ninguneada constantemente y con razón, el recurrente chiste de que no merece el premio de mejor sexo oral lo muestra. Uno supondría que a su edad y con una gran carrera en el porno según dice, tendría algún ahorro, algún posible alquiler, ropa al menos. Es más difícil perder todo una y otra vez que quedarse con algo.

Otro personaje caído es el vecino, Lonnie, a quien Mikey se acerca por su auto y deja fascinado por las historias que le cuenta sin ningún filtro, llegando a quedar sin palabras por lo extremo del discurso del protagonista. Así como Mikey no para de perder, Lonnie no para de ser castigado, haciendo cosas que caen muy bajo, como hacerse pasar por veterano de guerra para vender banderitas de Estados Unidos. Es visible la crítica de Baker a todos los niveles de la sociedad estadounidense, también agrega al pasar que le cortaron los remedios para el dolor a Lil lo que lleva a la hija a ofrecerle crack, el paco de ellos, como sustituto. Volviendo al personaje, vemos lo bien escrito que está. Porque Lonnie, así como se expone a ser golpeado haciéndose pasar por militar, también termina castigado por la justicia por causar un gravísimo choque múltiple. Ese es el único momento que vemos a Mikey preocupado, pero como era de esperar, no es que le angustie la situación sino si va a quedar implicado o no. Lo vemos festejar cuando sabe que está a salvo.

La relación entre ambos sirve también como contrapunto a la relación de Mikey con Strawberry (Suzanna Son), que, a mi gusto, es lo más incómodo de la película. Vemos cómo es con ella y luego cómo habla de ella con Lonnie, siendo siempre un desagradable. El personaje de la joven también está para destacar la cara más despreciable del protagonista. Por eso se presenta ante ella como un hombre de palabra y confiable. Otra de sus imposturas vacías, si algo no tiene es palabra, a todos los personajes los termina engañando de un modo u otro. Esa característica sumada a lo que decíamos de su relación con la pérdida nos figura un sujeto de la pura imagen, sin nada que lo ancle al mundo, ya sea el mundo de la palabra o de los actos. Por eso va flotando de un lado a otro, encontrando sólo problemas. La imagen es esa ostentación vacía que en algún momento le funcionó y lo sostuvo brevemente. Decíamos que es más difícil perder todo que mantener algo, eso es por su relación a la palabra, la única relación que tiene con ella es utilitaria, nunca es promesa ni sostén, supondremos que nunca pudo sostenerse en la palabra, por ello el otro es un instrumento y lo único que él tiene es su imagen cada vez más decadente.

Después de ser tan encantador y repugnante a la vez, vemos al final como recibe lo que merece, vuelve a perder todo y un cierre alucinatorio nos muestra el mundo en el que vive, muy distinto al nuestro, por eso no hay transformación del personaje y volverá a empezar, si lo viéramos con nuestros ojos, Strawberry le cerrará la puerta en la cara y él no entenderá por qué.