28 – Simulacro

La película elegida es El mundo conectado (Welt am Draht, 1973) de Reiner Werner Fassbinder

Estrenada originalmente como una miniserie de dos partes para televisión, técnicamente no sería una película. Aun así, está filmada, producida y presentada como una película larga y hoy sólo se consigue en ese formato. Eso por el lado del cine. Por el lado del psicoanálisis acabo de leer Síntoma y simulacro de Nieves Soria, excelente libro que compila las clases del seminario homónimo que dictó recientemente. El título de ese seminario podría haber sido el de este film, de hecho, está basado en el libro Simulacron-3 de Daniel Galouye. Quizás el primer libro del género cyberpunk, aunque no es su autor más conocido que seguramente sea Philip K. Dick con muchas películas de ciencia ficción basadas en sus escritos. La más destacada es Blade Runner (1982) de Ridley Scott. Otro autor del movimiento es Willian Gibson, quizás el mayor exponente de este género, con películas también basadas en sus escritos como Johnny Mnemonic (1995) de Robert Longo y Días extraños (Strange Days, 1995) de Kathryn Bigelow.

La película plantea la posibilidad de estar viviendo en una simulación, planteo sólo posible por el avance en las llamadas tecnologías de la información. Al haber computadoras cada vez más capaces de simular y reproducir el mundo real se puede soñar que algún día lo reproduzcan hasta el último detalle, haciendo virtualmente imposible saber si el mundo en el que vivimos es simulado o real. Más allá de que este tema resurge en los últimos años porque el «genio» de Elon Musk cree que podemos estar viviendo en una, es algo que muchos científicos se toman en serio, como decíamos en la edición sobre inteligencia artificial, los fantasmas de los científicos son de lo más entretenidos, por algo Lacan se preguntaba por el deseo del científico.

El tema ciertamente no es si vivimos en una simulación, no tiene mucho sentido preocuparse por eso, sino algo que se ve muy bien en la película y es mucho más complejo, que es que el mundo que habitamos es cada vez más un simulacro. Si viviéramos en una simulación no podríamos demostrarlo y además qué podríamos hacer con eso. Ahora, que nuestro mundo se esté convirtiendo cada vez más en una, es para preocuparse. Ciertamente el discurso científico no lo hace, porque la ciencia es eso que no se preocupa por el sujeto, de hecho, Lacan plantea que ese discurso lo forcluye, y el costo de vivir en el mundo del simulacro es primordialmente subjetivo. La ciencia no puede parar de avanzar y si la subjetividad protesta –nos queda el discurso histérico–, la pasa por encima, no es que haya alguna intencionalidad secreta como algunos creen, es que, como la pulsión, tiene que cumplir su circuito, no tiene agente ni objetivo, el avance por el avance mismo es su motor. No siempre fue así, es su relación con el mercado la que hace que esto no se pueda detener. No se trata de estar en contra del discurso científico o de sus avances, es que funciona así, y con todas las ventajas que seguramente trajo, las desventajas de su avance indiscriminado están dejando cada vez más sujetos complicados o complicando a más sujetos.

Ese es el testimonio de una época en la que el simulacro es la norma y el semblante la excepción. Está desarrollado con mucha minuciosidad y la precisión conceptual necesaria para un tema tan complejo en el libro mencionado de Nieves Soria. El planteo de la autora es que la lógica del simulacro es la de un sujeto que pierde todas sus referencias, implica una desconexión del cuerpo con el real que lo sostiene, que lo vitaliza. Falta la articulación con el sentido, sólo queda la fascinación con la imagen. Al desaparecer el límite de lo real nos encontramos con la prevalencia de una existencia angustiada y depresiva, del cuerpo que se desarma, del trastorno generalizado. Estos sujetos complicados no pueden soportar la castración o tolerar siquiera la espera, no cuentan con recursos simbólicos para defenderse de esa fortuna que los cruzará eventualmente con un real.

La puesta en escena de la película nos muestra el simulacro de la mejor manera, usando el lenguaje cinematográfico presenta cierto sarcasmo que está en las imágenes más que en los diálogos. El encuadre y el uso de la cámara señalan a modo de burla un tema serio. El espejo es el principal protagonista del film, casi no hay escenas sin ellos y las que no los tienen lo hacen por alguna razón. Lo que seguramente fue una gran dificultad para ser filmado, es un gran golpe de efecto que Fassbinder sabe aprovechar. Si gracias al espejo se forma el yo, como también el cuerpo y la realidad se plantea la pregunta de su función en el simulacro, no por nada hay tantos espejos en el film, como en el sueño lo que no anda se exagera hasta el paroxismo. En esta época vemos una labilidad en la constitución del cuerpo y de la realidad que muestra su contracara en la sobrecompensación yoica que no es más que un truco de espejos, detrás de eso no hay nada. El mundo simulado, es la imagen de la imagen, ciertamente que sea en la pantalla que vemos las pantallas que reflejan las imágenes de seres simulados, muestra de un modo perturbador el vacío que enmascara. El protagonista de la película Fred Stiller (Klaus Löwitsch) representa con su angustia la pérdida de realidad que no es por la paranoia mal diagnosticada que se le endilga, sino por saber que ya nada es cierto a su alrededor y eso lo desarma. La posición de Stiller en su denuncia es la del que sostiene el discurso psicoanalítico como vehículo de una verdad que permita sacar al sujeto de la lógica del simulacro. El analista se encuentra con resistencias que desde el cientificismo hasta el progresismo no hacen más que profundizar esa desconexión con lo real.

En El mundo como imagen –ese también podría haber sido el título de la película– Heidegger señala que no había imagen del mundo antes de la modernidad, sólo podemos hacernos una imagen del mundo cuando este puede convertirse en una. Su versión de la imagen es cercana a la del registro imaginario de Lacan, planteando que es correlativa de lo coherente y del sistema: es estar enterado. Lo que podríamos completar con la lógica de la comprensión y lo que cierra. Se puede hacer imagen del mundo porque lo imaginario subroga a lo simbólico y a lo real. Luego, detrás de la imagen ya no hay mundo. Que subrogue a los otros registros no los elimina, al contrario, el retorno de estos es más descarnado. Un simbólico de signos, un real de pura angustia.

Un rasgo que destaca la película es que cuando nada es real, nadie es lo que parece, cualquiera puede ser otra cosa que la que representa. Situándonos en el tiempo y lugar de la filmación, años setenta en Alemania occidental, que todos puedan ser espías es lo esperable, pero también podemos abstraernos de eso y seguir la línea del simulacro para ubicar ahí la falta de peso de la palabra del otro, que, si no se sostiene ni siquiera por sus títulos, ni hay algo real en sus dichos, el otro se vuelve siempre sospechoso. En la trama, la salida está en la búsqueda del representante de arriba. Así sitúan la realidad, hay un abajo, una simulación dentro de la simulación y un arriba donde supuestamente está la realidad, de la que nada garantiza que allí no haya un más arriba y así sucesivamente, la lógica del simulacro es la de la infinitización. La película, como lo hace la ciencia ficción en general, plantea la existencia de un Otro del Otro como solución. En nuestra imagen del mundo es porque no hay tal Otro que se llegó a la vía del simulacro para no vérselas con eso. Gradualmente se fue separando el ideal del objeto que enmascara I(a) > I( ) | a. La película sabe que la lógica que gobierna al mundo es cada vez más la del simulacro, como un oráculo nos advierte de lo que se viene. Seguramente no podía prever nunca que la tecnología podía avanzar tanto como para que, más allá de que sabíamos que la imagen es engañosa, hoy no podamos creer en ninguna. Hace ya varios años que dudamos sobre si lo que vemos o leemos es real, esa parece ser la nueva norma, y con ella el mundo se nos está empezando a caer como a Fred Stiller con todos los efectos que vimos que eso produce. La clínica ya nos lo está mostrando.