La película elegida es Mommy (2014) de Xavier Dolan.
Para esta edición del newsletter podría haber elegido entre dos películas que tratan un mismo tema. En general siempre se puede elegir entre varias, pero no suele pasar que no sea claro cuál tomar. Es la película la que dispara la idea sobre la que va a tratar el texto, quizás la mayoría de las veces no sabía que tenía interés en cierto tema hasta que la película me lo hace saber. Pocas veces es al revés, que el tema viene dando vueltas y la película es una buena excusa para desarrollarlo.
En este caso la situación fue especial, dos películas excelentes que me generan el mismo interés con algunos años de diferencia. La segunda, la elegida, me recuerda a la primera. Ambas muy logradas en lo que trasmiten, aunque con abordajes distintos, se centran en los familiares de adolescentes con «problemas psiquiátricos», para nombrarlos de algún modo. El tema en sí, «el familiar del paciente», no es algo que me convoque especialmente. Algo más debe haber en ese tipo de lazo. La película Tenemos que hablar de Kevin que ya tratamos en otra edición podría destacar algo de ese lazo, pero el desarrollo fue totalmente otro. En cualquier caso, el texto siempre es sobre una película. Así que…
La película no elegida es Alemania (2023) de María Zanetti.
Es un film argentino que se centra en una adolescente y su familia en donde la hermana mayor tiene esos temas —la metonimia es intencional— que señalaba anteriormente y complican a la familia. Tiene una dirección y una producción excepcionales e incluso a nivel guion creería que está mejor resuelta que Mommy. La primera escena señala el abordaje desde cierta sensibilidad femenina. Madre, hija y abuela mirando en una pequeña tele de tubo el final de Camila (1984) de María Luisa Bemberg. Las mayores conmovidas, la más chica aun sin entender del todo el desgarrador final, todavía no sufrió por amor. La película es un coming of age que aborda unos meses en la vida de una adolescente atravesada por los conflictos con su hermana, pero también con su madre, quizás por eso las películas resonaron. No está centrada especialmente en la relación entre las hermanas. Aunque no la tomamos, la recomendamos especialmente.
Mommy, en cambio, tiene como protagonista a la madre, Diane «Die» (Anne Dorval), aunque podría ser que el protagonista sea el par madre-hijo, en donde el problema del hijo Steve (Antoine Olivier Pilon) es bastante más complicado que el que se ve en Alemania. Además, la película toma una excelente decisión cinematográfica, que es encerrar al espectador en una relación de aspecto cuadrada 1:1, distinta incluso a la de los televisores que, como decíamos arriba, era 4:3 dando cierto espacio a lo ancho. Ver una película en esta proporción es como mirarla por una cerradura, es incómodo y sofocante, lo que logra que podamos vivir el efecto opresivo que siente Diane. Además del otro efecto maravilloso que acontece cuando la pantalla se abre por unos minutos, dejándonos vivir esa bella libertad que puede haber en cualquier vida difícil, aun cuando fugaz. Funciona como cuando un aparato eléctrico está zumbando hace tanto que no nos damos cuenta de lo molesto que era hasta que alguien lo apaga y sentimos alivio.
Escribir sobre el tema que trata esta película también trae el problema de cómo abordarlo. Si pensamos al joven como caso, podríamos hacer cierta lectura clínica, pero no creo que sea la mejor película para eso, lo mismo podría ser con la madre. Qué sesgo analítico podría tomarse en esa relación compleja en donde la realidad pareciera tan desbordante y evidentemente problemática que no nos dejaría espacio para introducir al sujeto. Tomar el surgimiento del sujeto en esta situación podría sonar extraño, tanto por todas las complicaciones como porque no nos centramos en la madre o el hijo.

Sobre los problemas de la realidad podemos decir algunas cosas, primero, que una madre viuda, sin familia a la que recurrir y con un hijo que necesita toda esa atención y cuidado, estará desbordada y ciertamente necesitará de instituciones que le provean un soporte. En general, el acceso a esas instituciones y recursos es un derecho que el Estado debe proveer y garantizar. Tanto en lo económico como de cualquier otro modo que le aporte cierta red para el cuidado de su hijo, hospital de día, acompañantes terapéuticos, etc.
En segundo lugar, podemos decir que la madre no hace nada mal. Hubo una época que en psicoanálisis solía señalarse a las madres como causantes de los problemas psicopatológicos de sus hijos, basados seguramente en lecturas prejuiciosas sobre pechos buenos y malos, sobre madres insuficientes o malas madres. Pero en especial sobre anhelos mal entendidos como deseos, como si un querer o no querer un hijo fuera el deseo. Por supuesto que tampoco hace todo bien, decir que no hace nada mal es que no es juzgable, hace lo que hace, ni más ni menos, esto no la desresponsabiliza, pero tampoco la ubica como causa final de los problemas de su hijo. Desde cierta moral podría seleccionarse tal o cual actitud para criticar. Como espectador es fácil pensar qué podría hacerse mejor. La película intencionalmente invita a hacerlo y muestra a una madre que es un bardo, intolerante en algunos casos y explosiva en otros. No va por el clisé de la madre santa que tiene que tolerar cualquier cosa, tampoco la contraria, la mala madre con su pobre hijo.
Sucede que en un momento los dichos de Diane precipitan la caída de Steve. La frase es fuerte: «Yo no tengo ningún problema, el problema sos vos. No tengo trabajo, dinero, ni vida por vos», dichos que, dirigidos a quien está siempre al borde, se convierten en una sentencia que se materializa en un pasaje al acto. Es evidente que no es conveniente decirle eso, que a alguien de riesgo no habría que empujarlo al borde, pero esa lectura teórica y obvia desconoce lo impuro de una relación tan compleja. Acá también entra en juego la caída de la madre que, agarrándose de lo que puede para no caer, se ve arrastrada por el tsunami que puede ser Steve. Aun así, no deja de ser responsable, Steve tampoco, aunque él no tenga registro siquiera de esta posibilidad.

Esa situación precipita el desenlace, la internación de Steve. Todo buen guion articula dos conflictos, uno externo y uno interno que están conectados y que en el tercer acto se resuelven en cierto orden. Esto se puede ver en cualquier película buena, no importa la temática, desde Casablanca (1942) de Michael Curtiz (el conflicto con los nazis de Laszlo y el de amor con Ilsa) hasta Duro de matar (Die Hard, 1988) de John McTiernan, (el conflicto con los terroristas y el del matrimonio con Holly). En Mommy el externo sería lo que antes señalaba como los problemas de la realidad y el interno es la íntima decisión de una madre. El director, desde el comienzo, se preocupa por plantearlo —el primer acto siempre anticipa al tercero—, quitando otros obstáculos, legales y sociales, para que quede en primer plano la decisión subjetiva de Diane. En el comentario de la película dice que para eso agrega las placas del inicio de la Canadá ficticia que pasa una ley que habilita a entregar a un hijo a la tutela del Estado. La ley S-14 explicita el «derecho legal y moral» de hacerlo. Como toda decisión en el fondo es responsabilidad del sujeto, Dolan reconoce, en ese mismo comentario, que no eran necesarias las placas. De hecho, hay una escena eliminada de la película donde la madre queda señalada en los diarios como «una madre S-14» por haber hecho uso de ese recurso, esto es descartado porque desvía del conflicto de interés.

La decisión de internar a su hijo, entregarlo, nos plantea la pregunta por lo insondable del deseo materno. El deseo de la madre debe estar atravesado por la castración para que ella pueda separarse de su hijo, no poder soltarlo es problemático sin duda, como también dejarlo caer tempranamente. En esta película el que no puede soltar es el hijo, es más una falta de registro, no suelta ni deja de soltar, tampoco hay límite en relación al cuerpo materno. La separación es necesaria, se dice que desde el parto la madre no hace más que separarse una y otra vez de ese hijo, siempre en una posición ambivalente de querer y no querer soltar. Aun así, en esa dinámica las separaciones se van dando. En el caso de Steve, la cuestión es otra. Todos conocemos sujetos que no se separan nunca de su madre, algunos porque no pueden, casos similares a los de Steve, otros porque la madre no soltó y el hijo no pudo tampoco soltarse. Fenómeno observable cotidianamente cuando una madre agarra la mano de su hijo y este lucha por soltarse para ir solo, con variados resultados. Lo que hace Diane es separarse de hecho, introduce en lo real lo que no funciona en lo simbólico. Se muestra de manera cruda lo que en Alemania sigue funcionando simbólicamente, el viaje de intercambio de una hija a la que una madre no puede terminar de soltar.
